La Flecha negra
La Flecha negra —¿El de los duendes? —repitió Dick, estremeciéndose—. Nunca lo oà decir. Pero, decidme… ¿quiénes son esos duendes?
El mensajero miró a todos lados; luego, en voz baja, que parecÃa un murmullo, respondió:
—El sacristán de san Juan… Le pusieron a dormir allà una noche, y a la mañana siguiente… ¡uf!, habÃa desaparecido. El diablo se lo llevó, según dicen; lo más significativo es que la noche antes estuvo bebiendo hasta muy tarde.
Siguió Dick a aquel hombre, llena el alma de los más negros presentimientos.