La Flecha negra
La Flecha negra —Apaga las luces —dijo Matcham—. Tal vez él mismo se descubrirá.
Apagaron las luces y quedaron en un silencio de muerte. Las pisadas de debajo sonaban muy tenues; pero eran claramente perceptibles. Se oyeron varias idas y venidas, y, después, el chirrido de una llave girando en una mohosa cerradura, seguido de un prolongado silencio.
Enseguida comenzaron de nuevo los pasos: de pronto, apareció un rayo de luz sobre la entabladura del cuarto, en un rincón apartado. La grieta se ensanchó y se abrió una trampilla que dejó pasar un chorro de luz. Vieron ambos muchachos una recia mano que empujaba aquélla, y Dick se echó a la cara la ballesta, esperando que a la mano siguiera la cabeza del hombre.
Pero hubo entonces una inesperada interrupción. Procedentes de un remoto ángulo de Moat House empezaron a oÃrse gritos, primero uno y después varios, llamando a alguien por su nombre. Este ruido, evidentemente, desconcertó al asesino, pues la trampilla descendió en silencio a su primera posición y los pasos que retrocedÃan vertiginosamente resonaron una vez más debajo de donde estaban los dos jóvenes, y, al fin, se desvanecieron.