La Flecha negra
La Flecha negra —¡Dick! —exclamó la muchacha—, ¡qué día tan desgraciado aquél en que me viste por vez primera! Porque como la más desdichada y la más ingrata de las mujeres, yo soy quien te ha traído a este trance.
—¡Ánimo! —repuso Dick—. Estaba escrito, y lo que escrito está, de grado o por fuerza ha de realizarse. Pero cuéntame qué clase de muchacha eres tú y cómo caíste en manos de sir Daniel; más valdrá eso que estar quejándote en vano de tu suerte o de la mía.