La Flecha negra
La Flecha negra —Como tú —dijo Joanna—, soy huérfana de padre y madre, y, para mayor desgracia mÃa, y también tuya ahora, soy rica, un buen partido. Lord Foxham fue mi tutor; sin embargo, parece ser que sir Daniel compró al rey el derecho de casarme con quien quisiera y lo pagó a buen precio. Aquà me tienes, pues, a mÃ, pobre criatura, entre dos hombres ricos y poderosos que luchan por cuál de ellos deberá concertar mi casamiento, ¡y apenas si he salido de los brazos de mi nodriza! Mas las cosas cambiaron, vino un nuevo canciller y sir Daniel compró mi tutorÃa, hollando los derechos de lord Foxham. Volvió a cambiar la situación y entonces el lord compró mi boda, venciendo, a su vez, a sir Daniel. Desde entonces todo fue de mal en peor entre ellos… Sin embargo, lord Foxham me retuvo en su poder y se portó conmigo como magnánimo señor. Llegó, por fin, el dÃa en que habÃa de casarme… o venderme, para hablar con mayor propiedad. Lord Foxham recibirÃa por mà quinientas libras. Hamley se llamaba el novio, y mañana, Dick, precisamente mañana, debÃa ser el dÃa de mis esponsales. Si no hubiese llegado a oÃdos de sir Daniel, me habrÃan casado, no hay duda… ¡y no te hubiera conocido, Dick… Dick querido!
Al decir esto ella le tomó la mano y la besó con gracia y delicadeza exquisitas; Dick atrajo la suya e hizo lo mismo.