La Flecha negra
La Flecha negra Pero todo esto era imposible hacerlo sin fuertes chapoteos, que sirvieron para indicar su posición a los hombres que vigilaban desde las almenas. Una lluvia de flechas y dardos cayó en torno suyo en medio de la oscuridad como violento pedrisco; de pronto arrojaron al suelo una antorcha, que brilló en el aire en su rápida trayectoria, quedó un instante pegada al borde del foso, donde ardió con viva llama, alumbrando en torno suyo como una luminaria… y, al fin, por fortuna para Dick, resbaló, cayo pesadamente en el foso y se apagó al instante.
Pero había cumplido su objetivo. Los tiradores tuvieron tiempo de ver el sauce y a Dick escondido entre sus ramas; a pesar de que el muchacho saltó al instante y se alejó corriendo de la orilla, no pudo escapar a sus tiros. Una flecha le alcanzó en un hombro y otra voló rozando su cabeza.
Pareció prestarle alas el dolor de las heridas, y, no bien se halló sobre terreno llano, huyó desesperadamente a carrera tendida, sin preocuparse de la dirección de su huida.
En sus primeros pasos le siguieron los disparos, pero pronto cesaron éstos, y cuando al fin se detuvo y miró hacia atrás, se hallaba ya a buen trecho de Moat House, aunque pudiera distinguir todavía la luz de las antorchas, moviéndose de un lado a otro en las almenas.