La Flecha negra
La Flecha negra —Bien —dijo Ellis cuando hubo terminado—: Mira todo lo que los bondadosos santos han hecho por ti, Dick Shelton; no sólo te han salvado la vida entre tantos mortales peligros, sino que te han traÃdo a mis manos, que no desean otra cosa que auxiliar al hijo de tu buen padre. Pórtate lealmente conmigo… ya veo que eres leal… y entre tú y yo barreremos del mundo de los vivos a ese falso y traidor.
—¿Vais a asaltar el castillo? —preguntó Dick.
—Ni que estuviera loco podrÃa pensar en semejante cosa —respondió Ellis—. Es demasiado poderoso; sus hombres le rodean, aquéllos que anoche se me escaparon y que tan oportunamente aparecieron, ésos le han salvado. No, Dick, al contrario; tú y yo y mis bravos arqueros hemos de evacuar a toda prisa estos bosques y dejar libre el terreno a sir Daniel.
—Temo por la suerte de Jack —dijo el muchacho.