La Flecha negra
La Flecha negra —Master Shelton —le dijo—: Sir Daniel avanza con un par de antorchas y cuatro arqueros.
Dick, pues de él se trataba, se puso inmediatamente en pie.
—Lawless —ordenó—: Tú tomarás la guardia de John Capper. Greensheve, sÃgueme. Y tú, Capper, abre la marcha. Esta vez le seguiremos los pasos, aunque vaya a York.
Un momento después se hallaban fuera, en la oscura callejuela, y Capper, el hombre que acababa de llegar, señalaba al sitio donde brillaban dos antorchas cuyas llamas sacudÃa el viento.
DormÃa ya profundamente la ciudad; ni un transeúnte circulaba por las calles, y nada más fácil que seguir a aquel grupo sin ser notados. Los dos portadores de las antorchas abrÃan la marcha; seguÃa un solo hombre, cuyo largo capote flotaba al viento, y guardaban la retaguardia cuatro arqueros, todos con los arcos al brazo. Marchaban a paso ligero, atravesando un dédalo de callejuelas para acercarse, cada vez más, a la playa.
—¿Sigue todas las noches esa dirección? —preguntó Dick en voz baja.
—Ésta es la tercera vez que pasa, master Shelton —respondió Capper—, y siempre a la misma hora y con la misma reducida escolta, como si quisiera guardar el secreto.