La Flecha negra
La Flecha negra En ella habÃa dos personas. A la primera pronto la reconoció: era la señora Hatch; la segunda, una joven alta, hermosa y de grave continente, ataviada con un largo vestido bordado… ¿era posible que fuera Joanna Sedley?… ¿Aquel compañero de los bosques, Jack, a quién pensó él en castigar con su correa?
Volvió a dejarse caer en el último peldaño de la escalera, presa de una especie de aturdimiento. Jamás se le habÃa ocurrido que su amada fuera un ser tan superior, por lo que inmediatamente experimentó una sensación de timidez. Pero no era aquél el momento oportuno para pensar. Un ligero siseo sonó muy cerca y se apresuró a descender.
—¿Quién va? —susurró.
—Greensheve —fue la respuesta en tono igualmente cauto.
—¿Qué quieres? —preguntó Dick.
—Que vigilan la casa, master Shelton —respondió el forajido—. No somos nosotros solos los que espiamos, pues estando boca abajo sobre el muro, vi a unos hombres rondando entre las sombras y les oà silbar quedamente para avisarse unos a otros.
—¡Por mi fe, esto pasa ya de extraño! —exclamó Dick—. ¿No eran hombres de sir Daniel?