La Flecha negra
La Flecha negra Era un barco de sólida construcción, con cubierta en la proa y en medio del buque, pero abierto en la popa. TenÃa un solo mástil y estaba aparejado entre falúa y lugre. Al parecer, el patrón Arblaster habÃa hecho un buen negocio, porque la bodega estaba llena de barriles de vino francés y en una reducida cámara, además de una imagen de la Virgen MarÃa —prueba de la devoción del patrón— se hallaban muchas arcas y armarios herméticamente cerrados, que demostraban que era rico y cuidadoso.
Un perro, único ocupante del barco, ladró furiosamente, mordiendo los talones de los huéspedes, pero pronto fue arrojado a puntapiés a la cámara, quedando allà encerrado a solas con su justo resentimiento. Se encendió una lámpara, que fue colocada en los obenques de forma que pudiera ser fácilmente distinguido el navÃo desde la playa. Barrenaron uno de los barriles de vino y bebieron sendos vasos de excelente Gascuña, brindando por el éxito de la aventura de aquella noche. Luego, mientras uno de los forajidos preparaba arco y flechas aprestándose para defender el buque contra cualquiera que llegase, el otro haló el esquife, saltó en él, haciéndose a la mar, y esperó la llegada de Dick.
—Bien, Jack, mantente alerta —dijo el joven jefe, disponiéndose a seguir a su subordinado—. Tú vas a servirnos de mucho.