La Flecha negra
La Flecha negra Al quedarse solo Dick, y después de pensar con asombro en las inconsistencias de carácter de su compañero, sacó rápidamente los papeles, que revisó y enterró. Sólo uno se reservó para llevarlo encima, puesto que en nada comprometía a sus amigos y, en cambio, podía servirle como arma en contra de sir Daniel. Era la carta del caballero dirigida a lord Wensleydale, enviada por medio de Throgmorton el día de la derrota de Risingham, y hallada el siguiente por Dick sobre el cadáver del mensajero.
Pisoteando los rescoldos del fuego, salió Dick de la caverna y fue al encuentro del viejo forajido, que le esperaba bajo las desnudas ramas de los robles y comenzaba a estar ya cubierto de los copos de nieve que iban cayendo. Se miraron uno a otro y se echaron a reír: tan perfectos y jocosos eran los disfraces.
—No me disgustaría, de todos modos —murmuró Lawless— que estuviéramos ahora en verano y en día claro para poder mirarme mejor en el espejo de algún estanque. Muchos de los hombres de sir Daniel me conocen; y si nos descubrieran, pudiera ser que respecto a vos hubiera más de un parecer; por lo que a mí toca, en menos que se reza un padrenuestro estaría yo pataleando, colgado de una cuerda.