La Flecha negra
La Flecha negra Observó que tres de los soldados, en vez de regresar a la casa, habían tomado tranquilamente una posición estratégica en la nave lateral, y no le cupo la menor duda de que así lo habían hecho por orden de sir Oliver. Había caído, pues, en una trampa. Allí había de pasar la noche rodeado del resplandor espectral y las sombras de la iglesia, contemplando el pálido rostro del que él mismo había matado. Y ahí, a la mañana siguiente, había de ver a su adorada casarse con otro hombre, ante sus propios ojos.
Pero, a pesar de todo, logró dominar su espíritu y revestirse de paciencia para esperar el desenlace.