La Flecha negra
La Flecha negra Se oyó un murmullo de aprobación entre los espectadores; con tanta audacia proclamó Dick su inocencia. Pero inmediatamente una multitud de acusadores se alzó por el otro lado, gritando que la noche anterior le hallaron en casa de sir Daniel, llevando aquel sacrílego disfraz. Y en medio de aquella Babel, sir Oliver, con la voz y el gesto, señalaba a Lawless como cómplice en aquel delito. Éste, a su vez, fue arrancado de su asiento y colocado junto a su jefe.
Se excitaron los ánimos de la multitud entre los dos bandos que se habían formado; y mientras unos arrastraban a los prisioneros de un lado a otro para favorecer su huida, otros les llenaban de injurias y les golpeaban con sus puños. A Dick le zumbaban los oídos y le daba vueltas la cabeza de puro aturdido, como el que lucha con los remolinos de un impetuoso río.
Pero el hombrón que antes contestara a Dick restableció, mediante un prodigio de resistencia vocal, el silencio y el orden en la muchedumbre.
—Registradlos —ordenó—, a ver si llevan armas. Así podremos juzgar mejor sus intenciones.