La Flecha negra
La Flecha negra —Caballero —le dijo—, conocà a vuestro padre, que era un hombre de honor, y esto me inclina a ser más indulgente; pero no he de ocultaros que pesan sobre vuestra conducta graves cargos. Andáis asociado con asesinos y ladrones; existen pruebas evidentes de que habéis atentado contra la paz del reino; se sospecha que os apoderasteis de un barco, como un pirata; fuisteis hallado, oculto y disfrazado, en casa de vuestro enemigo; fue asesinado un hombre aquella misma noche…
—Si me lo permitÃs, milord —interrumpió Dick—, os confesaré inmediatamente mi culpa, tal como es. Yo maté a Rutter, y como prueba de ello —añadió, buscando algo en su seno— aquà tenéis una carta que llevaba en su escarcela.
Tomó la carta lord Risingham, la abrió y la leyó dos veces.
—¿Habéis leÃdo esto? —preguntó.
—SÃ, lo he leÃdo —contestó Dick.
—¿Sois del partido de York o del de Lancaster? —inquirió el conde.
—Milord, no hace mucho que me hicieron la misma pregunta y no supe cómo contestarla —dijo Dick—; pero habiendo respondido a ella una vez, no he de variar ahora. Milord, soy del partido de York.
Inclinó la cabeza el conde en señal de aprobación.