La Flecha negra
La Flecha negra ConsistÃa la mesa a la que se sentaron, como todas las demás de la taberna, en una pesada tabla cuadrada puesta sobre un par de barriles, y cada uno de los cuatro compinches, de tan extraña y diversa catadura, habÃa tomado sitio en uno de los lados del cuadrado: Pirret frente a Arblaster y Dick en el lado opuesto al marinero Tom.
—Ahora, joven —dijo Pirret—, al asunto. Verdaderamente parece que os habéis portado bastante mal con nuestro compañero Arblaster; pero eso ¿qué importa? Dadle una compensación… mostradle esa oportunidad de hacerse rico… y yo os respondo de que os perdonará.
Hasta este momento habÃa hablado Dick bastante a la ligera; pero ya era necesario, bajo la vigilancia de seis ojos, inventar y relatar alguna historia maravillosa y a ser posible recuperar aquel importantÃsimo anillo-sello de lord Foxham. Lo primero que hacÃa falta era dejar correr el tiempo. Cuanto más los entretuviera, más beberÃan sus apresadores y con mayor seguridad podrÃa intentar la huida.