La Flecha negra
La Flecha negra Miró Dick a todos lados con cierta zozobra, por si descubrÃa algún peligro oculto. En efecto, casi hacia la mitad de la calle se abrió de pronto una puerta desde el interior y durante unos segundos continuó la casa vomitando, por puertas y ventanas, un torrente de arqueros de Lancaster. Éstos formaron inmediatamente en filas, tensaron sus arcos y comenzaron a disparar sus flechas sobre la retaguardia de Dick.
Al mismo tiempo redoblaron sus tiros los que atacaban desde el mercado y empezaron a cerrar resueltamente contra la barricada.
Dick mandó salir de las casas a sus fuerzas, y haciendo frente por ambos lados y enardeciendo a los suyos con el ejemplo y la palabra, les devolvió como pudo doble lluvia de flechas de las que habÃan caÃdo sobre su puesto.
Una tras otra se iban abriendo las casas de la calle y seguÃan saliendo de ella los de Lancaster por puertas y ventanas, dando gritos de ¡victoria!, hasta que el número de enemigos que cayó sobre la retaguardia de Dick era casi igual al de la vanguardia.
Era evidente que no podrÃa mantenerse firme en el puesto por más tiempo, y, lo que era peor, aunque hubiera podido sostenerse habrÃa sido inútil, pues todo el ejército de yorkistas hallábase en tal situación de impotencia que estaba abocado a sufrir un completo desastre.