La Flecha negra
La Flecha negra Los hombres que tenía tras de sí formaban el elemento vital en toda la general defensa, y contra ellos cargó Dick, marchando a la cabeza de sus tropas. Tan vigoroso fue el ataque que los arqueros de Lancaster perdieron terreno, vacilaron y al fin, rompiendo filas, comenzaron a volver en grupos hacia las casas de donde tan jactanciosamente acababan de salir.
Entretanto las fuerzas que procedían del mercado se habían apiñado sobre la indefensa barricada, y cayeron ardorosamente sobre el otro lado, por lo cual Dick se vio de nuevo obligado a hacerles frente una vez más, forzándoles a retroceder. Una vez más triunfó el decidido espíritu de sus hombres, desalojando la calle denodadamente; pero al instante salían de nuevo los otros de las casas y los cogían por retaguardia por tercera vez.
Comenzaban los yorkistas a dispersarse; numerosas veces se halló Dick solo, rodeado de enemigos, blandiendo su reluciente espada para salvar la vida, y aun diversas veces advirtió que había sido herido. Y entretanto, fluctuaba la lucha en la calle, sin resultado definido.