La Flecha negra
La Flecha negra De pronto percibió Dick un gran trompeteo en las afueras de la ciudad. El grito de guerra de los de York comenzó a elevarse hasta los cielos, como si numerosas y triunfantes voces lo repitieran. Y al propio tiempo las tropas que tenía delante empezaron a ceder terreno rápidamente y a abandonar la calle y retroceder hacia el mercado. Alguien dio la voz de huida. Sonaban alocadamente las trompetas, unas ordenando un repliegue, otras una carga. Era evidente, acababa de darse un gran golpe, y los de Lancaster se hallaban, al menos por el momento, en completo desorden y presos de cierto pánico.
En aquel punto, como ardid teatral, comenzó a desarrollarse el último acto de la batalla de Shoreby.
Los hombres que se hallaban frente a Richard volvieron la espalda, como perro al que se le ordena que vuelva a casa, y huyeron con la rapidez del viento. En ese mismo instante, atravesando el mercado, llegó un verdadero torbellino de jinetes, huyendo unos y persiguiéndolos otros, teniendo que volverse los de Lancaster para defenderse con la espada, mientras los yorkistas los derribaban a punta de lanza.