La Flecha negra
La Flecha negra —¿De milord de Gloucester? —repitió el sacerdote—. ¿Tan mal ha ido, pues, la batalla?
—La batalla, padre, ha terminado. Lancaster ha sido derrotado por completo y milord de Risingham, ¡Dios le tenga en paz!, ha quedado en el campo. Y ahora, con vuestra venia, voy a continuar mi comisión.
Y apartando a un lado al sacerdote, a quien aquellas noticias parecieron dejar estupefacto, empujó Dick la puerta, subió de cuatro en cuatro los peldaños de la escalera, sin detenerse a descansar y sin tropiezo, hasta que puso el pie en la especie de plataforma en que terminaba.
La torre de la iglesia de Shoreby no sólo dominaba la ciudad, que se extendÃa a sus pies como un mapa, sino que desde ella se veÃa una gran extensión de tierra y mar. Era casi mediodÃa; aparecÃa el cielo muy claro y alegre y la nieve tan brillante que deslumbraba. Y Dick, al mirar en derredor suyo, pudo darse cuenta de las consecuencias de la batalla.