La Flecha negra
La Flecha negra —La misma —contestó la damisela adelantándose—. Alicia, a quien dejaste por muerta y a quien halló tu cazador de leones, volviéndola de nuevo a la vida; y no sólo esto, sino que haciéndole también el amor, si tanto quieres saber.
—No lo creo —gritó Joanna—. ¡Dick!
—¡Dick! —remedó Alicia—. ¡Dick en persona! ¡SÃ, galante caballero, abandonáis a las pobres damiselas en los trances apurados! —prosiguió, volviéndose hacia el joven—. Las dejáis plantadas detrás de los robles. Con razón dicen que murió la época de la hidalguÃa.
—Señora —repuso Dick desesperado—. ¡Por mi alma os juro que os habÃa olvidado por completo! Señora: haced lo posible por perdonarme. ¡Ved que habÃa vuelto a encontrar a Joanna!