La Flecha negra
La Flecha negra —Caballero —contestó Richard—, por vos rezaré, aunque no sé si mis rezos serán atendidos. Pero si tan largo tiempo habéis buscado venganza y tan amargo halláis su sabor, ahora que la habéis logrado, reflexionad: ¿no serÃa mejor perdonar a los demás? Hatch… murió, ¡el pobre infeliz! ¡Cualquier cosa hubiera dado yo por salvarle la vida! Por lo que toca a sir Daniel, ahà yace su cadáver. En cuanto al clérigo, si mi opinión en algo pudiera influir en vos, desearÃa que le dejarais marchar en paz.
Una llamarada pasó por los ojos de Ellis Duckworth.
—No —dijo—, el diablo está todavÃa aferrado dentro de mÃ. Pero estad tranquilo: no volará ya más la Flecha Negra… Ha quedado disuelta la hermandad. Los que aún viven llegarán a plena y tranquila madurez, hasta que el cielo quiera que caigan en mis manos; en cuanto a vos, acudid adonde os llame vuestra mejor fortuna y no os acordéis más de Ellis.