La Flecha negra
La Flecha negra —Obstinado sois… —replicó el barquero, levantándose—. Si llegáis sano y salvo a Moat House, bien podréis decir que sois afortunado; pero, en fin, no hablemos más.
Advirtiendo la presencia de Matcham, preguntó:
—¿Quién es éste? —y se detuvo un momento en el umbral de la cabaña, mirándole con sorpresa.
—Es master Matcham, un pariente mÃo —contestó Dick.
—Buenos dÃas, buen barquero —dijo Matcham, que acababa de desmontar y se acercaba conduciendo de la rienda al caballo—. Llevadme en la barca, os lo suplico. Tenemos muchÃsima prisa.
El demacrado barquero siguió mirándole muy fijamente.
—¡Por la misa! —exclamó al fin, y soltó una franca carcajada.
Matcham se ruborizó hasta la raÃz de los pelos y retrocedió un paso; en tanto, Dick, con expresión de violento enojo, puso su mano en el hombro del rústico y le gritó:
—¡Vamos, grosero! ¡Cumple tu obligación y déjate de chanzas con tus superiores!
Refunfuñando desató la barca el hombre y la empujó hacia las hondas aguas. Hizo meter el caballo en ella Dick y tras la cabalgadura entró Matcham.