La Flecha negra
La Flecha negra —Más valdrá que no hablemos de eso —dijo Hugh—. Pero yo, por mi gusto, remontarÃa la corriente. ¿Qué pasarÃa si a master Matcham le alcanzase una flecha? —añadió, volviendo a reÃr.
—Está bien, Hugh —respondió Dick.
—Escuchad entonces —prosiguió el barquero—. Puesto que estáis de acuerdo conmigo, descolgaos esa ballesta… AsÃ; ahora, preparadla… bien, poned una flecha… Y quedaos asÃ, mirándome ceñudo.
—¿Qué significa esto? —preguntó Dick.
—Significa que si os paso en la barca, será por fuerza o por miedo —replicó el barquero—. De lo contrario, si John Fenne lo descubriese, es muy probable que se convirtiera en mi más temible y molesto vecino…
—¿Tanto es el poder de esos patanes? ¿Hasta en la propia barca de sir Daniel mandan?
—No —murmuró el barquero, guiñando un ojo—. Pero ¡escuchadme! Sir Daniel caerá; su estrella se eclipsa. Mas… ¡silencio! —y encorvó el cuerpo, poniéndose a remar de nuevo.
Remontaron un buen trecho del rÃo, dieron la vuelta al extremo de uno de los islotes y suavemente llegaron a un estrecho canal próximo a la orilla opuesta. Entonces se detuvo Hugh en medio de la corriente.
—TendrÃais que desembarcar entre los sauces.