La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Y al tercer «ju», accionaron todos a una los espeques ante los que estaban apostados. A pesar de la emoción del momento, no pude evitar verme de nuevo en mi Almirante Benbow y me pareció oír la voz del capitán, que se unía a las de aquellos hombres. Pero enseguida levaron el ancla y esta quedó colgada en la proa chorreando agua; al momento las velas comenzaron a hincharse y la tierra y las naves a desfilar a ambos lados; y antes de que me pudiera echar a dormir una horita, la Hispaniola ya había comenzado su travesía rumbo a la isla del Tesoro.
No voy a relatar los pormenores del viaje, que fue bastante agradable. El barco resultó ser un buen barco, los componentes de la tripulación expertos marineros y el capitán buen conocedor de su oficio. Pero antes de que llegáramos a aguas de la isla del Tesoro, sucedieron un par de cosas que es preciso mencionar.