La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Toda la tripulación lo respetaba y hasta le obedecÃa. TenÃa una forma especial de hablar a cada uno y de hacer pequeños favores a cada cual. Conmigo era invariablemente amable y siempre se alegraba de verme por la cocina, que tenÃa limpia como los chorros del oro, con los platos colgados bien relucientes y la jaula del loro en un rincón.
—Ven acá, Hawkins —solÃa decirme—; ven a charlar un rato con John. Nadie mejor recibido que tú, hijo mÃo. Siéntate y escucha las novedades. Este es el Capitán Flint. Le puse ese nombre al loro por el famoso bucanero, y el Capitán Flint predice que nuestro viaje será todo un éxito. ¿No es verdad, capitán?
Entonces, el loro soltaba a todo trapo:
—¡Doblones de a ocho! ¡Doblones de a ocho! ¡Doblones de a ocho! —y uno empezaba a pensar que se iba a quedar sin fuelle, hasta que John le cubrÃa la jaula con un paño.