La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Tuvimos algunos temporales que no hicieron más que poner de manifiesto las cualidades de la Hispaniola. Todos los hombres a bordo parecÃan muy contentos; y para chasco que no lo hubiesen estado, pues estoy seguro de que nunca hubo una tripulación más mimada que aquella desde que Noé se hizo a la mar. A la más mÃnima, les daban doble ración de grog[28] y habÃa gachas cada dos por tres, por ejemplo cuando el caballero se enteraba de que era el cumpleaños de algún marinero; y en el puente siempre habÃa un tonel lleno de manzanas para que quien lo quisiera las comiera cuando le apeteciera.
—Nunca he visto que de algo asà saliera nada bueno —le dijo el capitán al doctor Livesey—. Con los marineros vale lo de «crÃa cuervos y te sacarán los ojos»; estoy convencido de ello.
Pero buen servicio nos hizo el tonel de manzanas, como pronto habréis de saber; pues de no haber sido por él, no nos habrÃamos puesto en guardia y tal vez habrÃamos muerto a manos traidoras.
Esto fue lo que sucedió.