La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Me metí de un salto en el tonel y descubrí que apenas quedaban manzanas. Pero, sentado en el fondo, entre la oscuridad, el rumor del agua y el movimiento del barco, debí de quedarme dormido o estaba a punto de hacerlo cuando un hombre corpulento se sentó de golpe junto al tonel. Este se tambaleó como si se hubiese recostado en él y yo me disponía a salir de un brinco, cuando el hombre empezó a hablar. Era la voz de Silver, y fue oírle una docena de palabras y no atreverme a salir ni por todo el oro del mundo; así que allí me quedé, temblando y escuchando, muerto de miedo y de curiosidad; pues por aquella docena de palabras comprendí que las vidas de todos los hombres decentes que había a bordo estaban en mis manos.