La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Si estaba malherido o no, nunca se llegará a saber. A juzgar por el ruido que hizo al caer, el golpe le habÃa quebrado el espinazo. Pero no tuvo tiempo de recuperarse. Silver, ágil como un mono a pesar de su cojera y de la falta de su muleta, se plantó encima de él en un instante y hundió dos veces su navaja hasta la empuñadura en aquel cuerpo indefenso. Desde el lugar donde me encontraba emboscado, pude oÃrle jadear mientras asestaba las puñaladas.
No sé exactamente lo que significa desmayarse; lo que sà sé es que, durante unos instantes, todo lo que tenÃa a mi alrededor se desvaneció, como absorbido por un torbellino de niebla; Silver y los pájaros, y la encumbrada cima del Catalejo, todo me daba vueltas y se tambaleaba ante mis ojos, y en mis oÃdos resonaban una especie de campanillas, asà como voces distantes.
