La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Mientras pensaba todo esto, como digo seguÃa corriendo y, sin darme cuenta, me fui acercando a las estribaciones del cerro con los dos picachos y me metà en la parte de la isla donde los robles vivaces estaban más dispersos y los árboles tenÃan un porte y unas dimensiones más propios de un bosque. Entremezclados con ellos se veÃan unos cuantos pinos, algunos de ellos de quince y otros de casi veinte metros de altura. El aire también era más fresco que allá abajo, junto a la ciénaga.
Y allÃ, un nuevo susto hizo que me parara en seco, con el corazón en la boca.