La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —Eso en cuanto al primer punto —gritó el acusado, enjugándose el sudor de la frente, pues habÃa estado hablando con tal vehemencia que toda la cabaña se estremeció—. De veras os juro que me pone malo hablar con vosotros. No tenéis ni seso ni memoria, y me pregunto en qué estarÃan pensando vuestras madres cuando dejaron que os hicierais a la mar. ¡A la mar! ¡Caballeros de fortuna! ¡Sastres es lo que tenÃais que haber sido!
—Continúa, John —intervino Morgan—. Contesta a los otros puntos.