La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Según íbamos remando surgieron comentarios sobre el mapa. Por supuesto, la cruz roja era demasiado grande para servir de indicación precisa; y el contenido de la nota por el reverso, como veréis, era algo ambiguo. Como el lector tal vez recordará, decía lo siguiente:
Árbol grande, estribaciones del Catalejo, en demora una cuarta al N del NNE.
Isla del Esqueleto, ESE y una cuarta al E.
Tres metros.
Por consiguiente, la principal referencia era un árbol de gran tamaño. Pero, frente a nosotros, el fondeadero quedaba limitado por una meseta de unos sesenta o noventa metros de altitud, que por el Norte se unía con la estribación meridional del cerro del Catalejo, y volvía a elevarse hacia el Sur hasta la áspera y abrupta prominencia llamada cerro de la Mesana. La superficie de la meseta estaba prácticamente cubierta de pinos de diversas alturas. De trecho en trecho, uno de una especie diferente se alzaba doce o quince metros por encima de los demás y había que decidir allí mismo y gracias a la ayuda de la brújula cuál de ellos sería el «árbol grande» al que se refería el capitán Flint.
Y sin embargo, aunque así estaban las cosas, cada hombre que iba en los botes había elegido un árbol antes de que estuviéramos a mitad de camino, y John el Largo era el único que se encogía de hombros y les decía que esperaran hasta que hubiéramos llegado.