La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Nunca he visto a nadie más espantado que aquellos piratas. El color huyó de sus rostros como por arte de magia; algunos se pusieron en pie de un brinco, otros se agarraron como lapas al que tenÃan al lado; Morgan se arrastraba por el suelo.
—Es Flint, ¡mal rayo…! —gritó Merry.
La canción cesó tan abruptamente como habÃa comenzado. Se quebró, como quien dice, en el medio de una nota, como si alguien le hubiera tapado la boca con la mano al que cantaba. Como venÃa de lejos a través del aire soleado y transparente de las copas de los árboles, me pareció que tenÃa un tono ligero y dulce; por eso me extrañó tanto el efecto que les hizo a mis compañeros.
—Vamos, no puede ser —dijo Silver, pronunciando a duras penas estas palabras, con los labios resecos—. Poneos de pie y listos para virar. Esto es muy extraño y no consigo identificar la voz, pero será alguien que quiere gastarnos una broma…, alguien de carne y hueso, con toda seguridad.
Iba recuperando el valor según hablaba y, con él, algo de color en el rostro. Los otros empezaban a responder a sus palabras de ánimo y se les iba pasando el susto, cuando se volvió a oÃr la misma voz; esta vez no cantaba, sino que llamaba a lo lejos tenuemente y los barrancos del cerro del Catalejo devolvÃan cada vez más débil el eco de sus palabras.