La Isla del tesoro
La Isla del tesoro Una suave pendiente conducÃa desde la playa hasta la entrada de la cueva. En lo alto nos aguardaba el caballero. Conmigo se mostró cordial y amable, sin mencionar para nada mi escapada, ni para bien ni para mal. Pero ante el cortés saludo de Silver, se le arreboló el rostro y dijo:
—John Silver, eres un redomado villano y un impostor…, un monstruoso impostor, señor mÃo. Me han dicho que no te debo llevar ante los tribunales, y no lo haré. Pero todos esos muertos cuelgan de tu cuello como piedras de molino.
—Os estoy muy agradecido, señor —replicó John el Largo con otra reverencia.
—¡Ya podéis estarlo! Estoy faltando gravemente a mi deber. RetÃrate.