La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —Vosotros, los de abajo, mirad a ver si Bill lo lleva encima —gritó de nuevo el ciego.
Al oÃr esas palabras, otro de ellos, probablemente uno que se habÃa quedado abajo para registrar el cadáver del capitán, salió a la puerta de la posada y dijo:
—A Bill ya lo han desplumado; no le han dejado nada encima.
—Habrá sido esta gente de la posada, ese muchacho. ¡Asà le hubiera arrancado los ojos! —gritó el ciego Pew—. Estaban aquà hace un rato, tenÃan la puerta cerrada por dentro cuando intenté abrirla. ¡Salid cada uno por un lado, muchachos, y encontradlos!
—Han sido ellos. Se han dejado aquà la vela —dijo el tipo de la ventana.
—¡Cada uno por un lado, hasta que deis con ellos! ¡Registrad la casa de arriba abajo! —repitió Pew golpeando el camino con el bastón.