La Isla del tesoro
La Isla del tesoro —Pues está todo más claro que el agua —exclamó el caballero—. Este es el libro de cuentas de ese perro canalla. Las cruces corresponden a los nombres de los barcos o ciudades que hundieron o saquearon. Las sumas son la parte que le tocaba a ese granuja; y en aquellos conceptos en los que temÃa que hubiera ambigüedad, ya veis que añadió una nota aclaratoria. AsÃ, «costa de Caracas» quiere decir que algún desafortunado navÃo fue abordado en aquella costa… Dios tenga en su gloria las almas de sus pobres tripulantes…, que ya llevarán tiempo criando corales.
—¡Claro! —dijo el doctor—. Hay que ver lo que se aprende viajando. ¡Claro! Y, como veis, las cantidades aumentan a medida que Bones asciende de categorÃa.
Poco más habÃa en aquella libreta, salvo algunas posiciones geográficas anotadas en las páginas en blanco hacia el final del mismo, y una tabla para convertir moneda francesa, inglesa y española a un valor común.
—¡Menudo lince! —exclamó el doctor—. A este no se le engañaba fácilmente.
—Y ahora, veamos lo otro —dijo el caballero.