Drácula
Drácula Corrà inmediatamente de regreso, y le dije al guardia que trajera tres o cuatro hombres y me siguieran a los terrenos de Carfax, en caso de que nuestro amigo fuese a comportarse peligrosamente. Yo mismo conseguà una escalera, y salvando el muro, salté hacia el otro lado. Pude ver la figura de Renfield que desaparecÃa detrás del ángulo de la casa, por lo que corrà tras él. En el otro extremo de la casa lo encontré reclinado fuertemente contra la vieja puerta de roble, enmarcada en hierro, de la capilla. Estaba hablando, aparentemente a alguien, pero tuve miedo de acercarme demasiado a escuchar lo que decÃa, pues podÃa asustarlo y echarÃa de nuevo a correr. ¡Correr detrás de un errante enjambre de abejas no es nada comparado con seguir a un lunático desnudo, cuando se le ha metido en la cabeza que debe escapar! Sin embargo, después de unos minutos pude ver que él no se daba cuenta de nada de lo que sucedÃa a su alrededor, y me atrevà a acercármele más, y con mayor razón ya que mis hombres habÃan saltado el muro y se acercaban a él. Le oà decir:
—Estoy aquà para cumplir tus órdenes, amo. Soy tu esclavo, y tú me recompensaras, pues seré fiel. Te he adorado desde hace tiempo y desde lejos. Ahora que estás cerca, espero tus órdenes, y tú no me olvidarás, ¿verdad, mi querido amo?, en tu distribución de las buenas cosas.