Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Por lo tanto, para llegar al debido cumplimiento de esa gran tarea, solo acierto a pensar en tres métodos; aquellos donde la sabiduría de nuestros ancestros, que era altamente sensible en alentar a los aventureros, ha creído oportuno erigir tres artefactos de madera para uso de aquellos oradores que deseen hablar mucho sin interrupción. Estos son el púlpito, la escala y el escenario itinerante. Ya que a la barra, aunque haya sido compuesta por el mismo material, y designada para el mismo uso, sin embargo no se le puede conceder el honor de ser el cuarto, por razón de su nivel o situación inferior, que la exponen a la perpetua interrupción de colaterales. Ni puede tampoco el simple banco, ni siquiera elevado a cierta prominencia, optar a una mejor consideración, por mucho que sus defensores insistan en ello. Pues si se dignan contemplar el diseño original de su construcción y las circunstancias o accesorios sometidos a su diseño, pronto reconocerán que su práctica actual se corresponde exactamente con su primitiva institución, y que tanto por responder a la etimología del nombre que en lengua fenicia es una palabra de gran significación que expresa, si es interpretada literalmente, el lugar en el que se duerme, como en su común aceptación, o sea un asiento bien reforzado y acolchado para el reposo de miembros viejos y gotosos: senes ut in otia tuta recedant[2]. Y es que la Fortuna les debía esa revancha parcial, puesto que, al igual que anteriormente ellos hablaron largo y tendido mientras otros dormían, ahora pueden dormir largo y tendido mientras otros hablan.
