Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Pero si no hay otro argumento que esgrimir para excluir al banco y a la barra de la lista de artefactos oratorios, serÃa suficiente el que su admisión acabarÃa con un número, que yo estaba dispuesto a establecer a cualquier coste, en imitación de aquel prudente método observado por muchos otros filósofos y grandes entendidos, cuya mayor perspicacia fue la de tomarle cariño a algún adecuado número mÃstico que su imaginación habÃa convertido en sagrado, hasta el punto de forzar a la común razón a encontrarle un espacio en cada rincón de la naturaleza, reduciendo, incluyendo y ajustando todo género y especie dentro de tal dimensión, acoplando a unos en contra de sus voluntades y apartando a otros a toda costa. Ahora bien, de entre todos, el profundo número tres es el que más ha ocupado mis más sublimes especulaciones, y nunca sin maravilloso deleite. Hay ahora en prensa, y se publicará en breve, un ensayo panegÃrico mÃo sobre ese número, en el que, con las pruebas más convincentes, he incluido no solo los sentidos y los elementos bajo su estandarte, sino además capturado a varios desertores de sus dos grandes rivales, el siete y el nueve, los dos climatéricos.
