Cuento de un tonel
Cuento de un tonel Pero su hermano Juan, cuyas peripecias serán tan extraordinarias como para ocupar una gran parte de lo que queda de esta disertación, entró en escena con otros pensamientos y un espíritu un tanto diferente. Pues el recuerdo de los daños infligidos por el señor Pedro provocaron en él un grado de odio y despecho que tenía más fuerza que cualquier consideración hacia los mandatos de su padre, ya que estos, en el mejor de los casos, aparecían como secundarios y subordinados a aquellos. No obstante, consciente de esta mezcla de sentimientos, procuró encontrarle un nombre plausible, dándole el honroso título de «celo», que es quizá la palabra más significativa que haya sido jamás inventada en una lengua, como creo que ya he demostrado plenamente en mi excelente discurso analítico sobre este tema, del que he deducido un informe histórico-teo-fisiológico del celo, señalando cómo primero fue un concepto y pasó a ser una palabra, y de ahí, en un caluroso verano, se convirtió en una sustancia tangible. Esta obra, que abarca tres amplios volúmenes en folio, pienso publicarla en breve mediante el moderno método de suscripción, y no dudo que la nobleza y la alta burguesía del país me animarán todo lo que puedan, al haber ya degustado antes lo que soy capaz de hacer.