Ana Karenina
Ana Karenina –Ya viene.
Y entregó el sombrero a Ana.
Sergio se deslizó en la cama y rompió a llorar, cubriéndose el rostro con las manos.
Ana separó aquellas manos, besó una vez más el rostro húmedo de lágrimas y con rápido paso salió de la alcoba.
Alexey Alejandrovich avanzaba en dirección opuesta. Al verla, se detuvo a inclinó la cabeza.
Aunque sólo un momento antes Ana afirmaba que él era mejor y más bueno que ella, en la mirada rápida que le dirigió, al distinguir su figura en todos sus detalles, la invadieron los habituales sentimientos de aversión, de odio y de envidia de que le hubiera quitado a su hijo.
Con rápido ademán se bajó el velo y salió de allí casi a la carrera.
No había tenido tiempo de desenvolver los paquetes que con tanta ternura y tristeza comprara el día anterior en la tienda para su hijo y se los llevó consigo en el mismo estado.