Ana Karenina
Ana Karenina –¿Creéis haber inventado vosotras algo nuevo? Siempre ha sido igual. La cosa se decide con miradas, con sonrisas.
–¡Qué bien se explica usted, mamá!
–Precisamente con miradas y sonrisas –confirmó Dolly.
–¿Qué le decÃa él?
–¿Y qué te decÃa a ti Kostia?
–Me lo escribÃa con tiza. ¡Es maravilloso! ¡Oh, cuánto tiempo me parece haber transcurrido ya desde entonces!
Y las tres mujeres quedaron silenciosas pensando en lo mismo.
Kitty fue la primera en romper el silencio. Recordó el invierno anterior a su boda y su pasión por Vronsky.
–¡Aquel primer amor de Vareñka! –dijo, recordándolo por natural asociación de ideas–. Quisiera hablar con Sergio Ivanovich, prepararle… Todos los hombres tienen tantos celos de nuestro pasado, que…
–No todos –repuso Dolly–. Tú lo crees asà por tu marido. Estoy segura de que está todavÃa atormentado por el recuerdo de Vronsky.
–Cierto –contestó Kitty, con pensativa mirada, sonriendo.