Ana Karenina
Ana Karenina Aquellas palabras le despertaron de sus pensamientos, haciéndole recordar a su madre y su próxima entrevista.
En realidad, en el fondo no respetaba a su madre; ni siquiera la quería, aunque de acuerdo con las ideas del ambiente en que se movía, no podía tratarla sino de un modo en sumo grado respetuoso y obediente, tanto más respetuoso y obediente cuanto menos la respetaba y la quería.