Ana Karenina
Ana Karenina Alexey Alejandrovich la miraba cada vez con más insistencia. Ella, aunque absorta en seguir la carrera de Vronsky, sintió su fría mirada, que la contemplaba de soslayo. Se giró un momento y lo miró a su vez, inquisidora, arrugando ligeramente el entrecejo. Luego volvió a contemplar el espectáculo.
«Me da igual», parecía haber contestado a su esposo. Y volvió a mirarlo ni una vez más.
Las carreras resultaron desafortunadas. De diecisiete hombres que intervinieron en la última, cayeron y se lesionaron más de la mitad. Al terminar la última carrera, todos estaban muy impresionados. Y la sensación aumentó al saberse que el Emperador estaba descontento con resultado de la prueba.