Ana Karenina
Ana Karenina »Nuestra vida debe seguir como antes –continuó pensando, al recordar otra frase de la carta–. ¡Pero esa vida, antes, era penosa y, últimamente, horrible! ¿Cómo será, pues, de ahora en adelante? Y él no lo ignora, sabe que no puedo arrepentirme de lo que siento, de lo que he hecho por amor. Sabe que nada puede resultar de esto sino mentira y engaño, pero él necesita continuar martirizándome. Le conozco: se que goza y nada en la mentira como un pez en el agua. Pero no le proporcionaré ese placer. Romperé la red de mentiras en que quiere envolverme y será lo que Dios quiera… Todo antes que la ficción y el engaño.
»¿Pero, ¿cómo lo podré hacer? ¡Dios mÃo, Dios mÃo! ¿Habrá habido nunca en el mundo mujer tan desgraciada como yo?»
–¡Pero, basta: voy a romper con todo! –exclamó, levantándose de un salto y conteniendo las lágrimas.
Y se acercó a la mesa para escribirle otra carta. Pero presentÃa, en el fondo, que no tendrÃa fuerzas ya para romper nada, que no tendrÃa fuerzas para salir de su situación anterior por falsa y deshonrosa que fuera.