Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después de leer la carta, Vronsky alzó la vista. En sus ojos no había firmeza. Ana comprendió en seguida que Vronsky había pensado antes en aquella posibilidad. Ella sabía que, por mucho que Vronsky pudiera decirle, nunca le diría lo que pensaba. Y comprendió también que su última esperanza estaba perdida. No era esto lo que esperaba.

–¿Ya ves de qué clase de hombre se trata? ––dijo, con voz temblorosa–. Ya lo ves…

–Perdona, pero yo me alegro de ello –repuso Vronsky–. Déjame explicarme, por Dios… –añadió, rogándole con la mirada que le diese tiempo de aclarar sus palabras–. Me alegro porque las cosas en ningún modo pueden quedar como él supone.

–¿Por qué no? –dijo Ana, conteniendo las lágrimas y evidenciando que no daba ya ninguna importancia a lo que él pudiera decirle.

Adivinaba que su suerte estaba ya decidida.

Vronsky quería decir que después del duelo, inminente a su juicio, aquello no podría seguir así, pero dijo otra cosa.

–No puede seguir así. Supongo que ahora le abandonarás… –y Vronsky se sonrojó–, supongo que ahora me dejarás arreglar nuestra vida, pensar en ella… Mañana… –dijo.

Pero Ana no le dio tiempo a terminar:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker