Ana Karenina
Ana Karenina Consentir en el divorcio, dejar libre a Ana, significaba, a su juicio, prescindir de lo último que le hacÃa amar la vida: los niños, a los que tanto querÃa. Y para ella representaba quitarle el último apoyo en el camino del bien y empujarla hacia el abismo.
Si Ana se convertÃa en una mujer divorciada, Karenin sabÃa que irÃa a reunirse con Vronsky en unas relaciones ilÃcitas y antirreligiosas, porque para la mujer, según la religión, no puede haber otro esposo mientras el primero vive.
«Ana se unirá a él y, de aquà a dos o tres años, él la abandonará, o ella tendrá relaciones con otro», pensaba Alexey Alejandrovich. «Y yo, consintiendo en ese ilÃcito divorcio, habré sido causa de su perdición.»
SÃ, lo pensaba muchas veces y se persuadÃa de que la cuestión del divorcio, no sólo no era muy sencilla, como decÃa su cuñado, sino completamente imposible.
No creÃa en ninguna de las palabras de Oblonsky, se le ocurrÃan mil objeciones a cada una y, con todo, le escuchaba, sintiendo que en ellas se expresaba aquella fuerza incontrastable y enorme que guiaba ahora su vida y a la que tenÃa que obedecer.
–La única cuestión es saber en qué condiciones consientes en el divorcio. Ella no desea nada, nada se atreve a pedirte y confÃa en tu bondad.