Ana Karenina
Ana Karenina Alexey Alejandrovich quiso contestar, pero las lágrimas se lo impidieron.
–Es una desgracia inevitable y hay que aceptarla. Acéptala como un hecho consumado, procurando ayudar a Ana y ayudarte a ti mismo –dijo Esteban Arkadievich.
Cuando salió de la habitación de su cuñado, estaba profundamente conmovido, pero ello no le impedÃa sentirse alegre por haber logrado resolver aquel asunto, pues tenÃa el convencimiento de que Karenin no rectificarÃa sus palabras.
A su satisfacción se unÃa el pensamiento de que, cuando el asunto quedara terminado, podrÃa decir a su mujer y a los amigos: «¿En qué nos diferenciamos un mariscal y yo? En que el mariscal dirige la parada de la guardia, sin beneficio de nadie, y yo he conseguido un divorcio en beneficio de tres».
O bien: «¿En qué nos parecemos un mariscal y yo? En que … ».
« ¡Bah! Ya se me ocurrirá algo mejor», se dijo Oblonsky, sonriendo.