Guerra y Paz
Guerra y Paz En casa de los Rostov reinaba aquel ambiente de poética languidez y silencio que siempre rodea a los prometidos. Con frecuencia, estando todos juntos, guardaban silencio. En ocasiones se retiraban, dejando solos a los dos enamorados, que seguÃan callados. Raras veces hablaban de su futura vida. El prÃncipe Andréi tenÃa miedo y le remordÃa la conciencia abordar esos temas y Natasha compartÃa tales sentimientos, como todos los suyos, que siempre adivinaba. Una vez le preguntó por su hijo. El prÃncipe Andréi se ruborizó, cosa que le ocurrÃa con frecuencia en aquel tiempo y que tanto gustaba a Natasha, y dijo que el niño no vivirÃa con ellos.
—¿Por qué?— preguntó Natasha asustada.
—No puedo quitárselo al abuelo, y además…
—¡Cuánto lo habrÃa querido! Pero lo comprendo, no quiere dar motivos para que nos acusen ni a usted ni a m× dijo Natasha adivinando momentáneamente lo que él pensaba.