Guerra y Paz
Guerra y Paz Pierre ya no sufría, como antes, momentos de desesperación, hipocondría o disgusto de la vida; pero la enfermedad que antes se manifestaba con accesos de furor permanecía latente en él y no lo abandonaba un solo instante. “¿Para qué? ¿Por qué? ¿Qué ocurre en el mundo?”, se preguntaba perplejo muchas veces al día, procurando, en contra de su voluntad, penetrar en el sentido de los fenómenos vitales. Pero, conociendo por experiencia que no existían respuestas a esas preguntas, procuraba deshacerse de ellas lo antes posible: cogía un libro o se dirigía, presuroso, al Club o a casa de Apoloni Nikoláievich, para comentar los chismes de la ciudad.