Guerra y Paz
Guerra y Paz Chernyshev, sentado junto a la ventana de la primera habitación, leía una novela francesa. Esta pieza debió de haber sido sala en otros tiempos; aún se veía allí un armonio, sobre el que se habían amontonado varias alfombras; en un rincón estaba el lecho plegable de un ayudante de campo de Bennigsen que, cansado seguramente por el trabajo o por alguna francachela, dormitaba sentado sobre él. La estancia tenía dos puertas: una llevaba directamente al antiguo salón; otra, a la derecha, al despacho. Desde la primera puerta se oían voces que dialogaban en alemán y a veces en francés. En el antiguo salón, según el deseo del Emperador, estaba reunido no un consejo superior de guerra (al Soberano le gustaba lo indefinido), sino un grupo de personas cuya opinión deseaba conocer en las dificultades presentes. No se trataba de un consejo militar, sino de una reunión de personas elegidas para explicar personalmente al Emperador ciertas cuestiones. A esa especie de consejo habían sido invitados el general sueco Armfeld, el general ayudante de campo Wolzogen, Wintzingerode, Michaux (a quien Napoleón llamaba ciudadano francés huido), Toll, el conde Stein (que nada tenía de militar) y, por supuesto, Pfull, que, por lo que Andréi pudo oír, era la cheville ouvrière[365] de todo.
El príncipe Andréi tuvo ocasión de observarlo bien, porque Pfull, llegado poco después que él, había entrado en la sala para hablar un momento con Chemyshev.