Guerra y Paz
Guerra y Paz Vuelto a Gorki, después de dejar al prÃncipe Andréi, Pierre mandó a su caballerizo que tuviera dispuestos los caballos y lo despertara a primera hora de la mañana. Acto seguido se durmió detrás de un tabique, en un rincón cedido por BorÃs.
Cuando Pierre se despertó a la mañana siguiente, la isba estaba sola. Los cristales de las pequeñas ventanas temblequeaban. El caballerizo, junto al lecho, lo sacudÃa por el hombro tratando de despertarlo.
—¡Excelencia! ¡Excelencia!— gritaba zarandeando a Pierre y sin mirarlo. ParecÃa haber perdido toda esperanza de conseguirlo.
—¿Qué ocurre? ¿Ya es hora? ¿Ha empezado ya?— preguntó Pierre abriendo los ojos.
—Escuche los cañonazos, todos estos señores se han ido. Hasta el SerenÃsimo pasó hace tiempo— dijo el caballerizo de Pierre, que habÃa sido soldado.
Pierre se vistió rápidamente y salió deprisa fuera de la isba. El dÃa comenzaba claro, alegre y fresco; se sentÃa la humedad del rocÃo. El sol, que acababa de salir detrás de una nube, lanzaba sus rayos, interceptados por las nubes, sobre las techumbres de las casas y el polvo del camino mojado por el rocÃo nocturno, sobre las paredes de las isbas, las aberturas de las vallas y los caballos de Pierre, junto a la isba. En el patio se oÃa estruendo de cañones. Un ayudante y un cosaco pasaron al trote.